Desde el inicio de la pandemia que hoy azota a todos los países del planeta, la economía mundial ha pasado a ser tema de agenda cotidiano. En esta agenda mediática se abren paso conversaciones recurrentes como ser “La peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial´”, “Colapso de Pymes y quiebra”, “Índices históricos de desocupación”, “Recesión mundial”, “Incertidumbre”.

Se delega en ciertos organismos como La Organización Internacional del Trabajo, La Organización Mundial de la Salud, Naciones Unidas, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Gobiernos nacionales y Empresas, entre otros, la responsabilidad de dar respuesta ante las preguntas ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo se sigue? De este modo, y a riesgo de caer en un espiral ascendente de “irresponsabilidades”, perdemos de vista la gran oportunidad de aprendizaje que la pandemia hoy nos regala.

Los tiempos cambiaron, eso está claro, pero en realidad los tiempos siempre cambiaron y lo seguirán haciendo, porque es parte de la naturaleza, evolucionar, cambiar, transformarse. La incertidumbre es parte intrínseca del proceso de desarrollo mundial. Y es aquí donde surgen dos cuestiones vitales para afrontar las nuevas circunstancias. 

Primero, identificar que aquello impersonal que llamamos “cambio”, somos nosotros mismos, el devenir es un proceso dinámico impulsado por los seres humanos en un sistema infinito de vínculos y relaciones.  Necesitamos dejar de adaptarnos sistemáticamente al cambio para pasar a ser protagonistas del cambio que queremos ver en el mundo. 

La segunda cuestión vital es aceptar que la vieja pregunta, ¿Qué hay que hacer? sólo nos lleva a la búsqueda ilusoria de soluciones mágicas, quitándonos la responsabilidad de accionar creativamente. Necesitamos cambiar la versión “QUÉ HAGO” por la versión “QUIÉN ESTOY SIENDO”, dando paso a la posibilidad de observarnos en la coherencia que somos de cuerpo, emoción y lenguaje y desde allí pensarnos como poderosos agentes de cambio constante.

Cuando me acerco en mi rol de coach ontológico a las empresas, no me encuentro con “recesión” “Pymes en quiebra” “desocupación” “crisis mundial”, “índices históricos” me encuentro con seres humanos atravesando desafíos desde su emocionalidad, corporalidad y lenguaje. Empresarios estresados y abrumados por sostener en marcha la empresa, gerentes colapsados de responsabilidades, equipos que esperan indicaciones de un superior sin desplegar su capacidad proactiva e innovadora, clientes insatisfechos con la atención y sucesiva disminución de ventas, líderes de equipo abrumados por la tensión diaria perdiendo el foco de las competencias necesarias para motivar equipos de excelencia, falta de visión compartida, desconfianza, empleados tomados por el enojo, el miedo, la resignación, desconcertados con las nuevas metodologías como el teletrabajo, home-office; coexistiendo familia y trabajo, superposiciones horarias y de objetivos, entre otras. 

Recurrentemente también escucho hablar de “la empresa” “el área” “el sector” como si estos fueran entes vivientes ajenos a los sistemas humanos que los crean. Y así nublando la posibilidad de diálogo entre estos sistemas para el diseño de aquello que desean lograr.

Es interesante observar también que estas conversaciones las escucho desde antes de la aparición del Covid19, no son resultado de la situación mundial. Lo que hoy nos trae la pandemia es el jaque mate a una cultura organizacional que necesita cambiar el “chip” o transformarlo.

El Coaching Ontológico, la Programación Neurolingüística, así como otras interpretaciones, ofrecen la posibilidad de iniciar conversaciones, poniendo nombre a aquello que los miembros de la organización están atravesando, sintiendo y creyendo. La mirada de un coach abre la puerta a observar las circunstancias desde otra óptica para que la organización, mediante el protagonismo de sus miembros, diseñe, construya el presente y el futuro que aspiran ¿Cómo? Mediante procesos de entrenamiento y desarrollo de equipos para potenciar sus habilidades y capacidades. 

Sólo mediante la gestión de un habla responsable para declarar una visión compartida y desde allí accionar coherentemente con dicha declaración, recreando las emociones y la corporalidad requerida es que las empresas podrán transitar estos tiempos y los que vengan desde la responsabilidad y el compromiso con el logro de resultados. 

Es tiempo de apertura, de cuestionar métodos obsoletos, innovar, desafiar viejas creencias para crear nuevas, diseñar lenguaje, emociones y corporalidad que nos acerquen a los objetivos, a ese cambio que queremos ser. 

Es tiempo de que cotice en bolsa la responsabilidad, el compromiso, la visión compartida y la cooperación.  Albert Einstein dijo en “La Crisis”

“No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis, es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.” 

SCOP  Lic. Johanna Rodriguez Silva

Senior Coach Ontológica Profesional | Master en PNL | Lic. En Comunicación

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